Los niños investigan y llevan a cabo descubrimientos constantemente. Para ellos, y en especial durante los primeros años de vida, muchas cosas que los adultos dan por hechas pertenecen al mundo de la experimentación. El simple hecho de abrocharse la chaqueta o llenar un vaso medidor les permite registrar información importante. Además, un buen experimento no tiene por qué estallar o producir un gran estruendo.
Investigue con su hijo. Estimulelo para que formule preguntas, se asombre y pruebe cosas nuevas. Porque lo más importante no es la ejecución perfecta de un experimento, sino animar a su hijo a descubrir el mundo que le rodea. Sin respuestas preconcebidas ni propuestas de cómo se ha de resolver un problema, sino con curiosidad, tiempo e interés.
